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El arte de viajar para una persona con cualidades distintas en tiempos de COVID-19

Tener la oportunidad de viajar representa para cualquier ser humano no solo una forma de descanso sino una manera distinta de ver conocer y entender el mundo, a la humanidad y enfrentar los retos que nos depara las distintas formas de enfrentar la vida según las costumbres y usos de pueblos y culturas.

El hecho de emprender un viaje de una persona con cualidades distintas representa un reto no solo para esa persona sino también para su acompañante.  Antes de viajar hay que considerar variables que determinarán la comodidad y el éxito de este, y más aun considerando las distintas reglamentaciones y penalidades que ha impuesto esta pandemia del COVID 19.

Cuando me refiero a una logística hablo de la decisión de seleccionar el destino deseado, así como buscar la aerolínea más adecuada para ello, hasta determinar el hospedaje capaz de hacer que tus días transcurran de la manera más agradable, y por supuesto con el mayor número de comodidades posibles que permitan subsanar las dificultades que tus cualidades determinan.

Viajar en avión con silla de ruedas…

Por razones familiares viajé a la ciudad de Miami, destino que posee pocas alternativas de solución desde Caracas y todas ellas implican una escala en algún lugar del Caribe o Centro América. Seleccioné la ruta con escala en Santo Domingo, República Dominicana. Como nos encontramos en circunstancias especiales a causa del COVID-19, al momento de comprar los boletos tomé todas las previsiones que me pasaron por la cabeza para que el viaje fuera lo menos complicado posible.  Solicité los servicios especiales de silla de ruedas que prestan todas las aerolíneas, el cual incluye una persona que te acompaña y guía a través de todos los trámites necesarios para poder garantizar que el pasajero complete su ciclo sin demoras ni retrasos.

Sin embargo, me sorprende enormemente que, a pesar de todo lo que hemos vivido en este año y medio de pandemia, la humanidad todavía no esté preparada y tenga el miedo a lo desconocido a flor de piel. Cuando les hablo de temor me refiero al personal en tierra de algunas aerolíneas que asiste a las personas que viajamos con sillas de ruedas, lamentablemente estas personas no parece que hayan sido entrenadas para ello y se alejan de ser empáticas y comprometidas con lo que hacen.

Una experiencia incómoda

Al momento de llegar a Santo Domingo, lugar dónde debo hacer un transbordo para tomar otro avión hacia mi destino final, tuve que esperar mucho tiempo para que me sacaran del avión. Lamentablemente me sentí discriminado y maltratado por el hecho de poseer cualidades distintas, pero también por ser venezolano, pues era bastante evidente el desagrado que el personal siente hacia los pasajeros venezolanos y el poco aprecio con el que realizan su trabajo.

Particularmente no controlo cadera ni tronco, por lo cual necesito mi silla de ruedas que específicamente me sostiene y no me hace tambalear, razón por la que no uso las sillas con las que cuenta el aeropuerto porque son muy grandes y no me ayudan con mis requerimientos. Al salir del avión me extrañó que no me sentaran en mi silla y no supieron explicarme que la misma se encontraba en la carga.  Más tarde y luego de un reclamo con mi particular estilo, me explicaron que por temas de COVID 19 no podían subir mi silla debido a que, al igual que las maletas pasaba por un proceso de desinfección, y que si alguien la manipulaba la aerolínea no se podía hacer responsable en el caso de que esa persona estuviera contagiada con el virus.

Ahora bien, me pregunto ¿por qué el personal de tierra de la aerolínea no da esta explicación a los pasajeros?, ¿será falta de entrenamiento? ¿falta de empatía?  Por ello es que sigo pensando que la inclusión más que accesibilidad, aparatos, barras y cosas tangibles, es un proceso netamente educativo para el cual la sociedad todavía y a pesar de vivir la incertidumbre de un virus no está preparada.

Se puede ser inclusivo

El tiempo de reclusión, para el caso de algunos, no ha servido sino para valorar las pérdidas de calidad de vida, para lamentar el tiempo perdido y las pocas posibilidades de trabajo que enfrentan, y no para superarse, entendiendo lo positivo que ha sido este tiempo de respirar profundo, de concientizar lo que hacemos, porqué lo hacemos y hacia dónde vamos, pero, sobre todo, reinventarnos y hacer de nuestra vida un camino hacia la felicidad.

Es importante que sepamos que el ser humano si bien es del tamaño de sus sueños, también es humano y que lo humano es lo que nos identifica, pero lo distinto lo que nos une.

Debemos de tomar conciencia de lo importante que es pensar e interactuar con el otro, entendiendo qué todos tenemos algo que aportar, que vinimos a cumplir una misión y qué en la medida que seamos más diversos y entendamos a la diversidad como una riqueza y no desde el miedo, así podremos ser cada vez más inclusivos.

Actualización: recibimos por parte de la línea aérea, una comunicación en la que acepta nuestra denuncia y asegura que aplicará los correctivos necesarios.

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