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Empatía o resiliencia

Desde muy temprana edad, aprendí que ser asertivo es herramienta muy importante. Es aquella capacidad que le permite a una persona expresar sus ideas y pensamientos desde el equilibrio, de manera clara y respetuosa.

Igualmente, para ser asertivo es imprescindible la empatía, ponerse en el lugar del otro para poder así entender sus razonamientos y conductas. La toma de conciencia de que yo aplicaba esos conceptos vino cuando conocí de ellos.

La práctica de los mismos forma parte importante de mi cotidianidad, tan solo con movilizarme de un sitio a otro con propósitos distintos, se produce un evento que nos traslada a esos escenarios.

Quizás debido a las circunstancias particulares que me rodean y definen, tengo una sensibilidad a flor de piel que me permite percibir las distintas emociones que mi imagen desata. Puedo ver la mirada de angustia, de miedo, de lástima o de evasión. Son miradas que recibo en instantes y no siempre las personas son capaces de contenerse y hacerlo realidad, manifestando bendiciones, evasiones o preguntándole a mi acompañante sobre mi persona.

Reacciones particulares

En el caso de mi madre la reacción es violenta y no contesta. En el mío le digo: pregúnteme a mí lo que desea saber, y la persona entra en crisis pues identifica su falta de tacto o imprudencia. De lo que si estoy seguro es que es una reacción no controlada, que desconoce ampliamente el espectro de lo que genera, del daño que ocasiona y la estatura intelectual tan pequeña que desvela.

Considero que es necesario que entendamos que por tener que usar una silla de ruedas para desplazarme no significa que no tengo capacidad de hablar o leer, o de educarme y poseer habilidades de gran utilidad en el medio laboral o productivo.

Para poder soportar esta invasión involuntaria del entorno de las personas con cualidades distintas es necesario hacer uso de la empatía. Se trata de trasladarse a su mundo y tener la paciencia de entender que no posee otra intención que la pura curiosidad.

Entender la astronómica sorpresa que les invade al descubrir que no es tal la minusvalía asignada y que en muchos casos supera con creces los atributos personales de las personas etiquetadoras de otros.

“Empatía es reconocernos en el otro”

El secreto de esta situación se deriva del hecho de ser capaces de reconocernos en el otro, imaginarnos reflejados en el otro. Debemos comprender la valentía, el tesón y la perseverancia que han hecho a esa persona capaz de superar las barreras de sus propias limitaciones, sobreponerse a ellas y aceptar el reto que la sociedad les impone con sus valoraciones subjetivas producto de la impronta y superar tales situaciones.

Ya el hecho de poder acceder a la educación venciendo las barreras que sus circunstancias le colocan es un valor más que suficiente para imaginarse el recorrido de dificultades que lleva consigo. Además de entender en la justa medida el derecho al trato que se merecen, el de la inclusión y de la igualdad, dentro de las diferencias que nos distinguen a todos y cada uno de los seres mortales, cualidad está en la que radica el inmenso valor y contenido de la humanidad.

Eduardo Frontado

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